B'ida, b'iti: la música de los espíritus
Los instrumentos musicales entre los otomíes de la Sierra Madre Oriental (México)
Introducción
«Así como el huehuetl era el alfa de los instrumentos aztecas, el teponaztli era el omega». Con estas palabras, el musicólogo Robert Stevenson (1968: 63) describe una pareja de instrumentos musicales de madera de origen prehispánico, cuya melodía acompañaba los rituales públicos, representados en los códices pictográficos y mencionados en las crónicas desde el primer periodo colonial.
El huehuetl es un membranófono vertical con cuerpo cilíndrico cubierto en la parte superior por una piel de animal y abierto en la parte inferior. El teponaztli es un idiófono de percusión colocado horizontalmente, similar a un xilófono, con una abertura longitudinal en la base y una incisión en forma de H en la parte superior que forma dos lengüetas vibrantes que, al golpearlas con unas baquetas, producen sonidos de diferente altura.
A la izquierda, Xochipilli canta mientras toca el tambor vertical (huehuetl). Códice Borbónico, f. 4. Source: Bibliothèque de l’Assemblée nationale (France).
A la izquierda, Xochipilli canta mientras toca el tambor vertical (huehuetl). Códice Borbónico, f. 4. Source: Bibliothèque de l’Assemblée nationale (France).
El par de huehuetl y teponaztli tocados durante una ceremonia pública. Bernandino de Sahagún, Códice Florentino, Libro 4, F. 19v. Cortesía de la Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia, y con permiso del MiBACT.
El par de huehuetl y teponaztli tocados durante una ceremonia pública. Bernandino de Sahagún, Códice Florentino, Libro 4, F. 19v. Cortesía de la Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia, y con permiso del MiBACT.
Teponaztli mexica de Malinalco del periodo posclásico tardío (1250-1521). Museo Nacional de Antropología. Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones © Secretaría de Cultura. Instituto Nacional de Antropología e Historia. CC BY-NC-ND 4.0 https://repositorio.inah.gob.mx/o-28622
Teponaztli mexica de Malinalco del periodo posclásico tardío (1250-1521). Museo Nacional de Antropología. Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones © Secretaría de Cultura. Instituto Nacional de Antropología e Historia. CC BY-NC-ND 4.0 https://repositorio.inah.gob.mx/o-28622
Dibujo del teponaztli prehispánico del guerrero de Tlaxcala conservado en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, publicado en Saville, M.H. 1925. The wood-carver’s art in ancient Mexico. New York: Museum of the American Indian, Heye Foundation, p.63
Dibujo del teponaztli prehispánico del guerrero de Tlaxcala conservado en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, publicado en Saville, M.H. 1925. The wood-carver’s art in ancient Mexico. New York: Museum of the American Indian, Heye Foundation, p.63
Músico tocando el teponaztli de Tepoztlán, fotografiado por el antropólogo Rodney Gallop en la década de 1930. Foto publicada en Gallop, R. 1939. «The Music of Indian Mexico». The Musical Quarterly 25 (2): 210-25, p. 217
Músico tocando el teponaztli de Tepoztlán, fotografiado por el antropólogo Rodney Gallop en la década de 1930. Foto publicada en Gallop, R. 1939. «The Music of Indian Mexico». The Musical Quarterly 25 (2): 210-25, p. 217
En 1533, Fray Andrés de Olmos recoge un relato nahua sobre el origen divino de la música en el que el dios Tezcatlipoca envía a Ehécatl – dios del viento, identificado con el sabio Quetzalcóatl – a la Casa del Sol para sustraer a los que tocan los instrumentos y llevarlos a la tierra. Al llegar a la orilla del mar, Ehécatl llama a los músicos cantando y uno de ellos responde para seguirlo, llevándose consigo el arte de resonar, la música, con la que desde entonces se acompañan las danzas en honor a los dioses (Léon Portilla, 2007: 131).
Entre los otomíes de la Sierra, los instrumentos divinos — que aquí reciben los nombres de b'iti para el tambor y b'ida para el xilófono — son protagonistas de las ceremonias de fertilidad agrícola, marcando el ritmo de la danza y alegrando el corazón de las entidades extrahumanas convocadas en la escena ritual.
Su música sigue siendo hoy en día un instrumento de comunicación y cercanía entre los seres humanos y las divinidades.
Canto al son del teponaztli
Titoco titoco titocoti
Tiembla la tierra.
Da principio a su canto el mexica,
con él hace bailar a águilas y jaguares.
Cantares Mexicanos, Vol.II, Tomo 1, F.31r.
(Traducción del nahuatl por Léon Portilla, 2011: 405)
01.
Mate: el favor, la gracia
La Sierra Otomí-Tepehua
La Sierra Otomí-Tepehua es la parte de la Sierra Madre Oriental que se extiende por la frontera entre los estados mexicanos de Hidalgo, Puebla y Veracruz. Se caracteriza por una gran variabilidad climática y cultural: el paisaje, que desde los picos de más de 2000 m s. n. m. del municipio de Tenango de Doria desciende hacia las colinas de la Huasteca meridional, alberga pueblos pertenecientes a los grupos etnolingüísticos otomí, totonaco, nahua y tepehua.
La naturaleza accidentada de la región y la ausencia de grandes centros ceremoniales han ralentizado el proceso de evangelización de las poblaciones nativas, sin impedir la penetración generalizada de las órdenes misioneras.
La religiosidad indígena se presenta hoy en día plural y multifacética, acogiendo diferentes grupos protestantes y católicos. Esta última sigue alimentando con extraordinaria creatividad las prácticas rituales más tradicionalmente indígenas, relacionadas con la fertilidad agrícola y la alternancia de las estaciones de lluvia y sequía. Los interlocutores privilegiados de los ritos son las entidades extrahumanas que gobiernan los recursos naturales: espíritus de las montañas, de los cursos de agua, de las semillas de las plantas alimenticias, a los que se dedican ofrendas y celebraciones festivas con la esperanza de construir entre ellos y el grupo social una relación de reciprocidad.
El especialista ritual Braulio Domingo presenta al grupo de peregrinos ante el altar en la montaña. Foto de Giulia Cantisani (2022)
El especialista ritual Braulio Domingo presenta al grupo de peregrinos ante el altar en la montaña. Foto de Giulia Cantisani (2022)
El complejo ritual vinculado al ciclo agrícola y al bienestar comunitario se denomina en español costumbre y en otomí mate («el favor / la gracia»). Mate alude a la gracia que se espera recibir de las entidades con la concesión de los bienes necesarios para la supervivencia humana: el agua, los frutos de la tierra, la salud de los cuerpos, la paz individual y colectiva. A cambio, el grupo humano les ofrece su devoción filial, compuesta por la fe y el compromiso ritual, los pasos de las peregrinaciones y la alegría de la música y la danza.
Como señala José Eriberto Alvarado Morales, cuya familia organiza desde hace varias generaciones la fiesta de la Santa Cruz en la comunidad otomí de Tenango de Doria, refiriéndose al espíritu de la montaña sagrada concebida como contenedor cósmico de las aguas y las semillas: «Le dicen el xita toho, el abuelo, el cerro. Donde hay costumbres, hay tradiciones, allí llega él» (16/08/2024).
Figuras recortadas en papel utilizadas en el ritual como receptáculos temporales de entidades incorpóreas. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Figuras recortadas en papel utilizadas en el ritual como receptáculos temporales de entidades incorpóreas. Foto de Giulia Cantisani (2022)
[El cerro] es muy delicado, así como nos da, hay que darle. Nos da agua, nos da de comer, nos da maíz, todo. Contiene frijol, tomate, es el cerro de las semillas. Por eso lo que estamos adorando son la tierra y las semillas, porque no nos dejen morir de hambre. [El espíritu del cerro] no nos deja morir de hambre,no nos deja morir de sed.
Preparación de las flores para las ofrendas. Foto de Giulia Cantisani (2025)
02.
Xita toho, el abuelo
La montaña de agua y el oratorio
La montaña sagrada de Tenango de Doria es una entidad masculina dotada de personalidad, voluntad y capacidad de acción a la que se alude con el término xita (abuelo) connotando en sentido afectivo la relación entre el espíritu y la comunidad de fieles.
En su vientre, bajo la superficie terrestre, el abuelo conserva los principios vitales de los organismos y las aguas, que puede liberar al mundo, provocando inundaciones, o retener, causando hambrunas.
Su poder generativo es equivalente a su potencial destructivo: la necesidad del ritual reside no solo en la petición de vida por parte de la comunidad, sino también en la promesa de recordar a los espíritus y honrarlos con la fiesta para evitar una reacción violenta por su parte.
La fragilidad de la existencia, tanto de los seres humanos como de las entidades, se afronta con un acuerdo de cuidado mutuo.
El 3 de mayo se celebra la fiesta de la Santa Cruz, que se desarrolla durante tres días a lo largo de un recorrido entre el oratorio de El Mamay y la cima de la montaña, en el que participan una pluralidad de figuras extrahumanas: el abuelo, la madre tierra, la criatura del agua, el fuego, los diferentes espíritus benévolos o nefastos que atraviesan el paisaje.
En el interior del oratorio se conservan sus imágenes recortadas en papel por el especialista ritual, y una pareja de instrumentos musicales de madera compuestos por el xilófono, b'ida, y el tambor vertical, b'iti, cuyo sonido pertenece a las entidades que guían al músico en el aprendizaje y la correcta ejecución de los sones.
Eriberto explica: «Esa música le alegra el corazón [de la entidad], [su] poder. Por eso cuando empieza la música, la señora que canta luego empieza, empieza a llegar el viejito y le despierta el alma a la que va a cantar, por medio de la música. Por la música se despierta el corazón, el espíritu» (16/08/2024).
El sonido de los instrumentos penetra en el corazón y el espíritu tanto de la entidad como de la mujer que canta en trance prestando su voz al interlocutor invisible.
La música se convierte en vehículo de presencia y contacto, instrumento de comunicación entre humanos y extrahumanos.
De agua contiene…Ese cerro puede acabar aquí el pueblo, el municipio. En cuanto si quiere salir, puede acabar todo. No se ve, digamos, laguna de agua allí. No se ve que haya alguna laguna, no se ve que salió el agua, pero su espíritu contiene mucha agua. Contiene mucha agua en su corazón. El puede acabar aquí el municipio en cualquier momento
03.
Ra nzaki: la fuerza
El poder de ser, el poder de actuar
El especialista ritual convoca a las entidades creando figuras antropomórficas de papel para ofrecérselas como receptáculos: cuerpos efímeros que permiten a los espíritus estar presentes en la dimensión humana, experimentando la fragancia del incienso, los alimentos y el placer de la música y la danza que se les ofrece.
En Tenango, las figuras se denominan ra nzaki (la fuerza), en alusión tanto a su papel de sustitutos del poder extrahumano como a su capacidad para imprimir fuerza vital en la materia.
Tras un acto de purificación —destinado a evocar y alejar las influencias nefastas— el especialista prepara una multiplicidad de imágenes diferentes por color, forma y tipo de papel que se activarán con unas gotas de sangre de ave, en una operación llamada bendición, y posteriormente se distribuirán en diferentes puntos del espacio ritual que va desde el oratorio hasta la cima de la montaña, dibujando una geografía animada.
Los artefactos así bendecidos adquieren el poder de ser —manifestando la personalidad del espíritu con el que están asociados— y el poder de actuar —ejerciendo su influencia sobre los presentes—. En el altar del oratorio, las figuras de la tierra, la montaña y el agua, vestidas con ropa en miniatura, se conservan en una caja de madera, acompañadas de semillas de plantas cultivadas y pequeños dones.
El 2 de mayo, el especialista abre la caja y saca con cuidado los santitos, como se les llama en español, para mostrarlos a los presentes, que se acercan para besarlos con delicadeza. Las mujeres cosen vestidos de color verde brillante sobre tres botellas del agua que brota de la montaña —incorporaciones de la entidad acuática— y las adornan con joyas y pequeños objetos.
Antes de tocarlos, se renueva la fuerza de los instrumentos musicales: los músicos los despojan de las figuras y flores del año anterior para vestirlos con nuevos recortes y palmas entrelazadas que les dan una vitalidad renovada.
Su manipulación se rige por normas estrictas: la naturaleza masculina y delicada, es decir, peligrosa, de los instrumentos prohíbe a las mujeres y los niños tocarlos, bajo pena de enfermedad como castigo.
La atención en los gestos y el tono afectivo del evento son elementos esenciales para una relación eficaz con el mundo extrahumano.
A esta madera ya le echaron sangre de pollo blanco y ya le ponen sus muñequitos, y rodean todo el tambor, todo el palito (xilófono) y dicen que son bautizados. Después de bautizarlos ya tienen fuerza. ¿Y quién le da fuerza?
¡El cerro!
Pues sí, son sus instrumentos del cerro, del Abuelo. Él les da fuerza y él que los está tocando lo hace bailar, lo hace brincar. Pero lo que lo hace bailar es el Abuelo
Fernando Ibarra Molina recibe del especialista ritual las nuevas figuras que se insertarán en el xilófono. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Fernando Ibarra Molina recibe del especialista ritual las nuevas figuras que se insertarán en el xilófono. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Las figuras de papel obtenidas a partir de fibras vegetales (heliocarpus appendiculatus) insertadas en el interior del xilófono. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Las figuras de papel obtenidas a partir de fibras vegetales (heliocarpus appendiculatus) insertadas en el interior del xilófono. Foto de Giulia Cantisani (2022)
El especialista Braulio Domingo abre la caja que conserva los santitos. Foto de Giulia Cantisani (2022)
El especialista Braulio Domingo abre la caja que conserva los santitos. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Un niño besa la figura del santito en señal de devoción. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Un niño besa la figura del santito en señal de devoción. Foto de Giulia Cantisani (2025)
La botella llena de agua de manantial como incorporación de la divinidad acuática. Foto de Giulia Cantisani (2025)
La botella llena de agua de manantial como incorporación de la divinidad acuática. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Los fieles bailan delante del altar con las botellas de agua vestidas y la cesta con los santitos en brazos. Video de Giulia Cantisani (2022)
Los fieles bailan delante del altar con las botellas de agua vestidas y la cesta con los santitos en brazos. Video de Giulia Cantisani (2022)
04.
Ra hyandi: la que descubre
El canto, la música, la danza
La noche del 2 de mayo se baila en el oratorio con las botellas de agua vestidas en los brazos y, en una cesta apoyada sobre la cabeza, se mece a los santos al son del xilófono y el tambor, acompañados por un trío de violín y guitarras. Sobre el altar y delante de los instrumentos se coloca una ofrenda de comida compuesta por mole, tortillas, atole de chocolate y pan, que a la mañana siguiente se repartirá entre los presentes en un momento de comensalidad entre los seres humanos y sus invitados invisibles.
El momento de la danza y la música es cuando la entidad puede tomar la palabra a través del canto de aquellos que tienen el don de "descubrir": de ver lo que a otros les está vedado, convirtiéndose en mediadores de la comunicación divina. Quien canta en estado de trance se denomina ra hyandi (del verbo i handi, lo ve) o ra zi doni (el que come la flor), en referencia a la costumbre de algunos cantores de masticar hojas de Santa Rosa —personificación de la marihuana (cannabis indica) — para alcanzar un estado de intensa concentración.
En Tenango, Claudia Tolentino Sevilla, portadora de un don que se manifestó desde niña sin necesidad de tomar la Santa Rosa, describe así cómo nace el canto: «Es el don que entra en mí, es el espíritu que entra en mí. Yo explico lo que ellos sienten, lo que deben decir, yo soy la que lo dice. Sientes como síntomas, empiezas a temblar y el ritmo de la música que estás escuchando es como si te moviera el cuerpo, te pierdes y de repente llega el espíritu, el don, y empiezas a ver» (1/01/2025). Debido a la delicadeza, y por lo tanto al peligro, de la performance del canto, la comunidad de Tenango de Doria ha pedido que no se muestren vídeos de dichas secuencias. El contacto con los extrahumanos requiere precauciones rituales específicas y un profundo respeto no solo por el contenido del mensaje, sino también por la propia experiencia de proximidad e intensa intimidad con el espíritu.
Las palabras de las que Claudia se hace portavoz pueden referirse al rito que se está llevando a cabo, por el que la entidad da las gracias o señala carencias en la praxis ritual, así como a acontecimientos futuros o circunstancias de especial incertidumbre.
Un intercambio, por tanto, que se convierte en un instrumento tanto para sellar una alianza como para orientarse en el mundo.
La persona que descubre trae ese don de que el cerro habla, el agua, la tierra, la lumbre, el aire. ¿Y por qué habla esa gente? Porque quiere dar a saber qué es lo que sobreviene, porque hay momentos en que vienen unas cosas difíciles, o piden las gracias de que ya le llevaron su flor, su ofrenda. Todo eso es un conjunto, todo lo que se hace se queda en la montaña.
05.
Mäkä Ponti: la Santa Cruz
Objetos y personas en movimiento
La mañana del 3 de mayo, los participantes en la vigilia nocturna vuelven a subir a la cima. El especialista actual, Floriberto Tolentino Pérez, explica que existe una conexión entre el oratorio del Mamay, habitado por los santitos y los instrumentos, y el espíritu de la montaña que durante la noche "descendió" al valle para la fiesta.
El recorrido entre los dos lugares está marcado por diez descansos en varios manantiales, donde se dejan palmas entrelazadas y ofrendas alimenticias, honrando a la montaña a lo largo de todo su cuerpo vegetal.
Cuando la procesión de peregrinos llega a la cima, da varias vueltas alrededor del altar de las tres grandes cruces, acompañada por la melodía del trío. El movimiento circular es un elemento recurrente en la práctica ritual otomí, que a menudo se realiza al entrar y salir de un espacio ritual como señal de saludo o para establecer un vínculo entre lugares sagrados distantes entre sí. El especialista rocía el altar vacío con el humo del incienso y se comienza a preparar la ofrenda de palmas y flores, comida, velas y oraciones. El dúo de tambor y xilófono, transportado a hombros por los músicos a lo largo del sendero en el bosque, reanuda su música.
La dimensión sacrificial de esta fase se expresa, además de en la fatiga del recorrido, en los animales, que representan tanto un don de vida como el alimento de las entidades. Las tres cruces se envuelven en una tela blanca que alude al sudario de Cristo y sobre sus brazos se colocan tres gallos blancos, mientras que delante del altar se hace bailar al borrego blanco, que será liberado en la montaña al final del rito.
La estrecha relación de la fiesta con la fertilidad agrícola se manifestaba en el pasado con la presencia de doce niños y niñas, que eran conducidos a la cima de la montaña llevando una corona y tocando las sonajas, instrumentos musicales asociados a las semillas de las plantas alimenticias. Los niños, cuya función era «despertar el corazón de la tierra», eran llamados anxe (ángeles): «Anxe, los niños que van bailando. Con cada son de la música, los niños deben bailar. Son los que dan fuerza al cerro, porque son ángeles. Son niños sin pecado, con el corazón puro» (José Eriberto Alvarado Morales, 27/04/2025).
Figura de la entidad del agua vestida con su ofrenda de flores colocada cerca de un manantial. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Figura de la entidad del agua vestida con su ofrenda de flores colocada cerca de un manantial. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto tocan el xilófono y el tambor mientras los fieles bailan frente al altar en la montaña. Video de Maythe Saldaña (2025)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto tocan el xilófono y el tambor mientras los fieles bailan frente al altar en la montaña. Video de Maythe Saldaña (2025)
El especialista ritual Floriberto Tolentino Pérez guarda los santitos dentro de la caja al final del ritual. Video de Giulia Cantisani (2025)
El especialista ritual Floriberto Tolentino Pérez guarda los santitos dentro de la caja al final del ritual. Video de Giulia Cantisani (2025)
Detalle del altar. Junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe se colocan figuras de papel recortado y flores. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Detalle del altar. Junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe se colocan figuras de papel recortado y flores. Foto de Giulia Cantisani (2022)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto tocando el xilófono y el tambor en la cima de la montaña. Foto de Valeria Bellomia. (2019)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto tocando el xilófono y el tambor en la cima de la montaña. Foto de Valeria Bellomia. (2019)
Eso [la tela blanca] es el significado de la crucifixión de Dios nuestro señor. Este es su significado de la Santa Cruz, porque Jesús así aparentó, con una tela en su cruz. Lo bajaron con una tela de la Santa Cruz, adonde Dios nuestro señor dio la vida, es lo que estamos llorando ahorita. Se le tiene que poner la tela, porque también si no se la llevan se enoja.
Por eso tenemos que hacerlo lo que Dios nos enseño.
06.
Hin'yu ra tsedi: lo que ya no tiene poder
Lo efímero y lo permanente
La vitalidad de los objetos ceremoniales está sujeta a un proceso de degradación que hace que la renovación periódica de las figuras que los envuelven o rellenan sea un paso esencial en su biografía. Sin embargo, su ciclo de vida tiene un límite: aproximadamente cada ocho años, la caja con los santitos, el tambor y el xilófono reciben su última ofrenda antes de ser devueltos a la montaña, depositados en una cueva. Sobre el altar se colocan otros artefactos que «son nuevos, pero son los mismos», como dice Eriberto aludiendo a la continuidad de lo efímero y lo permanente que los anima.
En 2025, el artista y músico Fernando Ibarra Molina, de acuerdo con la comunidad de Tenango, realizó un xilófono de madera de cedro para el Museo de las Civilizaciones de Roma. La oportunidad de enviar a Italia un objeto tan cargado de significado, cuya gestión debe controlarse ritualmente, como testimonio de un horizonte cultural, ha alimentado una profunda reflexión entre los organizadores de la fiesta.
Para que el instrumento pudiera viajar y ser acogido en la vitrina de un museo, fue necesario no activarlo a través de la sangre, las figuras y las flores. Una copia inerte, por lo tanto, cuyo propósito es compartir, esta vez con una comunidad internacional, la historia de su gemelo poderoso y efímero. En este punto, los caminos del artefacto ritual y de la obra de arte realizada por Fernando se separan para encarnar dos concepciones diferentes, pero complementarias, de lo que permanece.
Por un lado, la concepción otomí de la persistencia de la vida a través de la desintegración de la materia, que alimenta en un ciclo potencialmente infinito las prácticas cultuales y la relación con lo divino. Por otro lado, el proceso de conservación y exposición museística de los objetos como embajadores de una visión del mundo diferente, pero familiar en su preocupación central por el cuidado de la vida, humana y no humana.
Las voces, los rostros y el significado de los gestos rituales se han recopilado con la generosa colaboración de la comunidad que se reúne cada año en el oratorio, con el deseo de comunicar a un amplio público la complejidad de estos objetos-persona y la delicadeza de su papel en la forma otomí de habitar el mundo.
El par de tambores y el xilófono vuelven al altar del oratorio al final de la fiesta. Foto de Giulia Cantisani (2025)
El par de tambores y el xilófono vuelven al altar del oratorio al final de la fiesta. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Interior de la cueva con los instrumentos depositados en años anteriores. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Interior de la cueva con los instrumentos depositados en años anteriores. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto durante la primera fase de realización del xilófono para el MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma. Foto de Giulia Cantisani (2025)
Fernando Ibarra Molina y Edgar González Pioquinto durante la primera fase de realización del xilófono para el MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma. Foto de Giulia Cantisani (2025)
La Dra. Valeria Bellomia abre los recortes de papel realizados por Floriberto Tolentino Pérez para el MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma.
La Dra. Valeria Bellomia abre los recortes de papel realizados por Floriberto Tolentino Pérez para el MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma.
La conservadora Camilla Fratini y la Dra. Valeria Bellomia a la llegada del xilófono al MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma.
La conservadora Camilla Fratini y la Dra. Valeria Bellomia a la llegada del xilófono al MUCIV - Museo delle Civiltà - Roma.
No se olviden de la costumbre.
No solamente es una fiesta, es una tradición para darle gracias, para pedirle que nos cuide y nos acompañe en donde quiera que vayamos.
En varias partes lo vieron el viejito. Se enseña para que crean en él, para que sí digan que tiene poder el cerro, ¡tiene vida!
Es un cerro sagrado que Dios lo puso allí para algo, se colocó en un buen lugar el viejito.






